domingo, 21 de diciembre de 2014


Palabras

Hay palabras que como los pájaros revolotean, las hay que anidan y las hay que emigran cuando hace frío.

martes, 16 de diciembre de 2014



Voz propia


No era no. No sabía por qué no entendían su lenguaje. Quizás se habían quedado sordos o necesitaban un traductor que les trasladara nuevamente el sentido de las cosas. Resultaba agotador hacerse oír y que la voz sonara libre entre la maleza. Ya le pasó con el médico, se cansó de decirle que no quería hormonas pero él no parecía oírle. Incapaz de cambiar su obtuso pensamiento, lo ignoró y rompió las recetas. No se encontraba mal, solo se hacía mayor. Hasta sufrió la confabulación de sus hijas que no dejaban de hablar sobre papadas, bolsas, párpados, dietas… Planchar aquí y allá en una agresiva operación de restauración completa. Desde que se había quedado viuda no paraban de decirle que se arreglara con la feliz idea de que encontrara un nuevo marido. Y no, eso no, ya había tenido bastante. Ahora era su tiempo, aunque tuviera que combatir con sueños toda la sarta de imbecilidades que la rodeaban. Pasó a la acción. Llegó a un acuerdo con el espejo. Le habló muy seriamente, no podía seguir mostrándole una imagen cansina de tercera edad. Se tiñó el pelo de rojo, se compró pantalones y ropa de colores vivos. Luego se matriculó en clases de Yoga y como nunca había tenido la oportunidad de estudiar fue a la escuela del barrio. Por último, y eso fue lo mejor, allí se unió a una banda de poetas intermitentes que asaltaba bancos y periódicos recitando a viva voz a poetas olvidados. Sus hijas dejaron de hablarle.

En El vuelo de Neleb. 2014


l vuelo de Neleb es el resultado del III Concurso de relatos cortos Isonomia organizado por ACEN (Asociación de escritoras y escritores jóvenes) y recoge alrededor de 150 narraciones de vivencias, experiencias y ensoñaciones sobre los derechos y libertades, especialmente de las que aún no disfrutan muchas mujeres aquí en España o en cualquier lugar del mundo.

martes, 9 de diciembre de 2014


El nombre


Todo estaba patas arriba. La ciudad se había vuelto loca. Habitantes descoloridos y anónimos huían vestidos de incertidumbre. Coches y edificios se  desparramaban hacia el mar. La casa,  la cama y  la cocina  habían sufrido el envite de la goma de borrar y el  aguarrás, y húmedas se deshacían en un horizonte apelmazado y grumoso. Todo se desdibujaba. Todo menos un rincón: allí donde había escondido mi nombre. 

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