Oscura tarde, negra luz.
Arena entre las manos, los sueños se pierden entre los dedos.
Desolación.
El cielo se abre y de la tierra quemada surge la vida.
Un lugar y un espacio para descubrir las pequeñas cosas perdidas en el tiempo. Los olvidos, los recuerdos y las imágenes que guardamos celosamente en la retina. Lo que fue privado y se escapó por las ventanas. El nunca y el jamás de los cuentos, de los cuentos chinos...de nuestros cuentos.


Habitaba en un mundo rodeado de huchas y cajas donde guardaba celosamente monedas y
billetes que a lo largo de su vida había ido acumulando.
Antes de que vuelva papá, mamá deja que juguemos a
desaparecer. Nos escondemos por todos los rincones de la casa, en el armario,
debajo de la escalera y de las camas. Nos divierte ser invisibles aunque
también nos asusta que un día no nos encuentren. Puntualmente, cuando se oye el
ruido de las llaves en la puerta se acaba el juego, mi padre nos busca.
Aparecemos entre risas y gritos de victoria y nos sentamos a la mesa para
cenar. Esta noche papá no ha vuelto y nuestra madre cena sola.
El escondite