Miedo e incertidumbre calan los huesos.
Sobrevuelan páginas del relato abandonado en la frontera del dia.
No es facil respirar la atmosfera sin sueños.
Me sumerjo en el algodón de la noche a la espera de que el viento borre las preguntas.
Rose
Un lugar y un espacio para descubrir las pequeñas cosas perdidas en el tiempo. Los olvidos, los recuerdos y las imágenes que guardamos celosamente en la retina. Lo que fue privado y se escapó por las ventanas. El nunca y el jamás de los cuentos, de los cuentos chinos...de nuestros cuentos.
Miedo e incertidumbre calan los huesos.
Sobrevuelan páginas del relato abandonado en la frontera del dia.
No es facil respirar la atmosfera sin sueños.
Me sumerjo en el algodón de la noche a la espera de que el viento borre las preguntas.
Rose
Menguante
A pesar de la estricta
cuarentena la enfermedad avanzó traspasando las paredes de su universo virtual.
Con el tiempo, perdida la inmunidad comenzó a menguar. Los servicios de
desinfección la encontraron en un charco de pixeles.
rosa
Pudo ser
Resuenan pequeños placeres olvidados en los pupitres y en el cine de verano, manos sudorosas de deseo, cancelaciones horarias del cuerpo.
Madrugadas esperando el sueño.
Rosa Octubre.
Al aire.
Mientras muerdo una manzana las
imágenes de sangre se suceden. Noticias que recorren un mundo que ha convertido
la destrucción en un objetivo. El sentido común huye despavorido y el cuerpo se
diluye en la soledad. No queda más
remedio que llenar el aire libre de
historias que se abracen entre palabras y paréntesis.
Dia de las escritoras
Octubre.2020.
Sueños

Soñó con un agujero profundo, despertó en el suelo. Los pájaros habían anidado en su cabeza y el mar entraba por la ventana. Cerró los ojos hasta que le dolieron, luego se levantó a cámara lenta, desenroscando las piernas y los brazos atrapados por el blanco de la sabana. El olor a café la llevó de nuevo al otoño.
Siempre como nuevos, pero clásicos e intemporales, sobreviven sin inmutarse a pesar de los cataclismos. Si en algún momento quedan al descubierto, soportan la intemperie sin sufrir estragos más allá de las molestias propias de la humedad, recuperándose muy pronto al calor de las islas paradisíacas. Son hábiles, se reinventan. Saben guarecerse en tiempos desapacibles y sortear las crisis con piruetas transoceánicas y cirugías contables. Invisibles pero permanentes, se mimetizan y escapan entre las redes tejidas por el comercio de voluntades. Ellos, los desalmados, siempre insisten.
El muñeco fue el primero en cerrar los ojos, luego las
sombras llenaron la habitación de susurros. Agazapada bajo la cama contempló el
ir y venir de los zapatos. Tuvo miedo, la agitación podría hacer explotar las
palabras encerradas en el armario. No podría soportar por más tiempo, se
asfixiaba y salió a respirar. De improviso una mole enorme se abalanzó sobre
ella. ¡Devuelve las palabras, le gritó, estamos sin dormir desde que nos
dejaste con los poemas a medias! Se despertó de golpe, amanecía. Las páginas
arrancadas de un libro se deslizaron entre las sábanas cayendo a la alfombra.
El mundo se estaba tornando gris, la atmósfera
irrespirable y la tristeza corría sin control por las calles. La noche
negra apagaba nuestros sueños. De improviso, un grito rasgó el cielo y empezaron a llover deseos. Fue tan fuerte
la tormenta que tuvimos que guarecernos bajo los puentes. Allí decidimos que
atrapar los deseos húmedos quizá fuera nuestra última oportunidad de
sobrevivir. Otros sin embargo, avaros y
desconfiados, escondidos en las torres de cristal se cerraron con siete
llaves.
“Hace frío, el otoño ha dejado atrás el calor sofocante del
verano. Andar a esas horas por las calles solitarias la tranquiliza. Desde la
zona opulenta donde vivía la actriz, va sorteando los charcos que dejan tras de
sí los servicios de limpieza al regar calles y aceras. La imagen de asepsia de
la zona aburguesada contrasta, en cuanto la abandona, con la presencia de seres
acurrucados entre cartones en porterías y bancos, carros de la compra llenos de
enseres vitales, colchones y mantas, en un dispositivo cruel de supervivencia
de los sin techo. Madrid, como tantas ciudades, muestra impúdica los rostros de
la opulencia y la pobreza. Le resulta insoportable comprobar cómo en plena
crisis económica, sus gobernantes siguen impertérritos, gestionando la
continuidad a perpetuidad del bienestar desmesurado de unos pocos.