viernes, 19 de marzo de 2010


El tiempo se detiene cuando se necesita vender un instante al peso

fotografía ros

lunes, 8 de marzo de 2010

cualquier día


Cualquier dia

No fue el 8, antes no fue el 8. Fueron días y años de olvido, de presencias ocultas, de dormitorios oscuros, de cárceles de cacerolas y barro. Hoy vivimos el espejismo de ser como queremos y aunque es verdad que algo del deseo se ha cumplido, no podemos dejar de mirar más allá de nuestro ombligo.

sábado, 27 de febrero de 2010


Dias sin verte

Entonces es martes, seguro, por lógica, me dices muy serio. Me desespero porque ayer no fue ningún día, ni mañana podrá serlo. No te creo. No puedo verte porque hoy no es martes, los martes se han perdido en el calendario y se esconden en la puerta de la nevera llena de fechas y no te encuentro. Estoy cansada de ser un día de la semana. Recuerdo un lunes, pero luego nada. Saldré a ver si la luna me dice que día es hoy porque tu lógica no la entiendo.

ros Febrero

lunes, 8 de febrero de 2010


La mujer de las botas de agua.

No podía levantar los ojos, me pesaban como si los párpados fueran de plomo. Con dificultad sobrellevaba la sinusitis que me tenía atrapada. Los días pasaban planos, monótonos, apenas la noche entre ellos. Después de tanto tiempo paralizada no sabía si podría volver al mundo, me estaba acostumbrando a un universo de pantalla y ventanas y apenas distinguía lo real del tiempo con el tiempo del ratón. No exagero si digo que me bastaba con la música, pero miento, necesitaba el calor de la gente, aunque dormitara placidamente viendo crepitar las llamas en la estufa. Desperté de golpe cuando el paisaje empezó a hacerse blanco. Una oleada de cristales bajaba por las cortinas. En unos minutos toda la casa se cubrió de blanco, el sofá tapizado de copos y la cocina con estalactitas. La estufa se apagó y hacia frío, un frío que me helaba las orejas. Al principio creí que podría convivir con el blanco que amenazaba con inundar mi dormitorio, pero no pude y salí a la calle. Me llevé una sorpresa: el mundo había cambiado, era gris.
Afuera los edificios se confundían con el asfalto y el verde de los árboles se teñía de agua sucia. Me deslicé por el barro que cubría las aceras, buscando lugares conocidos. Era inútil, nada era lo mismo, todo estaba sumergido en una niebla espesa que me impedía caminar. En vano mi memoria trataba de bucear en los recuerdos, los azules ni los ocres existían y tampoco la luna. Era un cataclismo: el cambio cromático. Por un momento pensé que, quizás, yo era la única superviviente. Algo había ocurrido mientras yo pasaba los días encapsulada. Tenía que encontrar a alguien, necesitaba respuestas urgentes.
Era desolador, no sentía ni frío ni calor, mi cuerpo, entumecido por el frío que había barrido la casa, despertaba con dolor, la mirada perdida en aquella inmensa ciudad vacía. ¿Dónde estaban todos? Allí, antes, había habido alguien andando, comiendo, paseando, trabajando, yo no podía haber soñado su existencia. ¿Cómo era posible que no quedara nadie?
En mi desesperación entré en lo que parecía una iglesia con cálices desteñidos y santos desnudos. Me impactó el vacío sobrecogedor que llenaba el espacio definido por bancos y altares. Salí sintiendo que siglos de historia se habían detenido. No podía continuar mi paseo errático, necesitaba un plan.
La ciudad era irreconocible y tuve que hacer un gran esfuerzo por recordar lugares. Lo que primero que me vino a la memoria fue el patio del colegio y fui a buscarlo, atravesé las piedras dormidas hasta llegar al pequeño jardín en el que jugaba de niña. El silencio ahogaba las canciones que de niña había cantado. Me situé en una esquina intentando seguir el juego del escondite: uno, dos, tres... al llegar a diez me interrumpió un aleteo de faldas. Estaban allí, no podía verlos pero los escuchaba, voces alegres, chillonas, atropelladas. Y luego el silencio nuevamente. Pensé que si subía las escaleras podría encontrarlos en clase. Aquella clase que yo recordaba pintada de verde y repleta de dibujos. Cuando llegué arriba sin titubear abrí la puerta. Los dibujos se habían descolorido y el verde de las paredes se había transformado en negro. Cerré los ojos y olí mi niñez: sudor y nenuco. Las sillas yacían abandonadas, desmadejadas y de la pizarra cayeron números y letras: uno, dos, tres, mi mama me mima, yo amo a mi mama… Quedé ensimismada en el bucle de mis recuerdos hasta que un rumor de agua me despertó. Llovía a cantaros. Decidí acurrucarme en uno de los arcos del patio y fue entonces cuando la sentí llegar como una sombra. Desde la distancia pude verla chapoteando con sus botas de agua, ajena a la lluvia, ajena a mí. Envuelta en la niebla giraba como un Derviche. Le hice señas inútilmente. Me ignoraba o no podía verme porque el ala de su sombrero le caía sobre los ojos. De pronto desapareció. Estaba desesperada, el único ser vivo que había visto se esfumaba.
Extracto del relato la mujer de las botas de agua. Rosen 2010

jueves, 14 de enero de 2010



Piel interior

Si me preguntas no podría decirte cuando pasó, ni cuando decidí dejarte. Pero voy a hacer memoria: Esa noche, ¿recuerdas? yo no quería salir, hacía mucho calor y tenía un vago presentimiento de catástrofe, pero, a pesar de todo, te acompañé. Sobre el ruido de copas y música sobresalía tu voz, mascando sonidos y echando furias que rebotaban en las rojas paredes del club. La gente se apretujaba en la barra, frotando sus cuerpos anónimos con movimientos pendulares Y allí estabas tú, en el centro de aquella vorágine. Hacía mucho rato que me ignorabas, entretenido en desplegar tus alas de colores con las que hipnotizar a aquellas niñas de carnes prietas, subidas en tacones de vértigo. Hacías esfuerzos por destacar, tu cuerpo se enroscaba en sus piernas, mientras los ojos se te salían de las órbitas. Perpleja, contemplé como se producía una metamorfosis inesperada: te estaban saliendo escamas, las uñas y el cabello te crecían, mientras los ojos, teñidos de un azul vidrioso, giraban enloquecidos. No daba crédito a lo que veía. Eras otro, muy diferente al ser casi insignificante que le temía a las arañas y que en las noches sin luna se acurrucaba en la cama temeroso, diferente al ser meloso que había recorrido mi cuerpo tiempo atrás.
Después de aquella noche esperé un tiempo para ver si los cambios eran reversibles, pero no lo eran, tú ya pertenecías a otra especie y de tu boca ya no salían besos sino azufre. Mientras el neón de tu piel se encendía derritiendo las noches, yo me debatía entre el asombro, el miedo y la indignación ante tu escurridiza impostura. Fueron consumiéndose los días del verano y fue con las primeras lluvias cuando supe que no quería quererte, que no podía, y que, a pesar de que todo estuviera preparado para ignorarlo, yo no podía dejarme arrastrar por esos ciclos malditos que, sin duda, te habían transformado en un ser de un universo abisal. Tenía que salvarme, aunque para ello tuviera que romper en pedazos los recuerdos que me ataban a tu piel. Por eso, ayer, antes de que se avecinara un nuevo episodio de transito nocturno, sentí un impulso irrefrenable, y mientras el agua de la ducha caía sobre tu resbalosa piel, cogí mis cosas y me marché. Y esto es en resumen lo que ha pasado. Se terminó, ya no mas, no estoy dispuesta a esperar que cambies nuevamente de piel.

oleo Rosa Pastor
Ros Enero 2010

martes, 22 de diciembre de 2009

año nuevo



los tiempos, las vidas y los sueños se repiten para no ser los mismos
ros 2009

imágenes desde el alaris.Ana Jimenez

lunes, 21 de diciembre de 2009


Una vez más

Ensordece este ruido de campanas que ahoga el mar de los abrazos perdidos, de los océanos que se elevan atrapando la vida, del calor que asfixia a los pájaros y a los niños. Un centelleo de lujo ahoga el grito del planeta mientras se sientan a la mesa los insaciables comensales del mundo.

ros. navidades 2009

martes, 15 de diciembre de 2009


En la mecedora

En la mecedora
ssss, ras ssss, ras, ras.
Pensamientos ssss escapan
ssss…ssss…
por las rejillas ssss, ras.
ssss, ras, ssss, ras, ras.
Suave balanceo
soñadora y sonora
Mi alma se enamora.

Trinidad Pastor
30 Poemas de Rutinas y Olvidos

lunes, 7 de diciembre de 2009



Performance de Rolando Peña. Body Art, Performance Art.

Es posible contener el mundo, es posible dibujar el mapa de lugares recorridos, perdidos, anhelados, es posible imaginar territorios y ensanchar los límites del cuerpo
ros

viernes, 4 de diciembre de 2009

La ventana

Ni subido a una escalera conseguiría besarte, pero lo intento cada noche. Mientras tú, impasible, vestida de blanco, vas menguando y creciendo hasta que la luz del alba te hace cambiar de traje. No conseguía besarte, por eso decidí recortarte, y ahora estas atrapada para siempre en el cristal de mi ventana.

ros 2009

miércoles, 2 de diciembre de 2009



Son presencias frágiles que se mezclan produciendo un nuevo tiempo de colores

El vaho de la ducha recortó sobre el espejo una sombra huidiza, sin respirar esperé que tomara forma. Y ahí mirándome me vi.
/

martes, 1 de diciembre de 2009

RUTINA
Mientras recojo mi destino del frío suelo de la cocina, oigo voces que avanzan por la escalera y se enredan en el tendedero. La radio organiza un alboroto de ventanas abiertas y un tintineo de cucharillas, platos y vasos se suma al concierto cotidiano. Ellos, como siempre, me ignoran. Cuando se van busco desesperadamente el azúcar de mis deseos escondidos, pero no está: lo han echado en el colacao. Un oleaje de lágrimas atraviesa mi cuerpo amenazando con oxidar mis sueños.

lunes, 30 de noviembre de 2009


El viento helado anuncia que llega el tiempo de los ocres y amarillos.El color del mar cambia a grises mientras en el horizonte se deshilachan las nubes.

fotografía ros

domingo, 29 de noviembre de 2009


Espacios privados

Antes estaba el trenet de madera que traía desde Bétera, en un abigarrado escaparate, vidas truncadas por el silencio y el miedo, rostros vacilantes y risas mecidas por la cadencia del tren. Durante algunos años, día a día, viajé inmersa en el espectáculo de una huerta que ya ha ido desapareciendo, oliendo el azahar que reventaba al borde de las acequias. Y aquellos rostros de expresión perpleja se han ido extendiendo por la geografía valenciana, en las aceras, los bancos y los cubos de basura, convirtiéndose en una muchedumbre que vaga confundida ante la indiferencia, abrigándose con los desperdicios de la opulencia.
El tiempo ha pasado y al paisaje de Godella le han salido casas y coches. La quietud de la naturaleza se ha roto con la violencia de los tubos de escape de las motos. La prisa ha invadido las calles y aumenta el sonido de los iniciados que hablan desde el móvil sin ningún recato, elevando las voces en una ceremonia de confusión virtual. Las calles se parecen demasiado a otras calles y sus gentes también. Algunos colores se han apagado, mientras otros, los azules, duermen.
A pesar de que los atardeceres se han descolorido, algunas veces, al bajar del tren en la estación de Godella con el sol iluminando los plataneros, he sentido como si me crecieran raíces profundas y aéreas. En un tiempo muy breve, apenas unos minutos, me muevo en los límites de mi espacio personal, recuperando imágenes y olores. Resulta increíble como cuesta reconocer el lugar tantas veces desalojado por la prisa cotidiana, envuelt@s y aplastad@s tod@s en el velo de las certidumbres, y la pesada carga de la memoria. Pasar no es ver, para ver hay que saber mirar detrás del ruido y de las cosas. Y eso no es fácil, es casi un milagro.
Uno de esos días luminosos, casi mágicos, tropecé con una mujer sin rostro que daba la espalda al espectador, al voyeur, mostrando con pudor algunos de los indicios del itinerario que cada uno de nosotros construimos en el azul de las habitaciones íntimas. Su cuerpo, de un azul intenso, parecía escaparse del lienzo para encarnarse en otras identidades, mientras un corsé envolvía partes de su adolescencia perdida, en un cuerpo de posibilidades multiformes, hecho añicos por el reloj biológico.
Ella me hizo pensar en los mundos privados que, sin duda, flotaban a mí alrededor como estrellas sin luz, repetidos en el tiempo y el espacio de la casa, encerrando los sueños en jaulas de oro, náufragos en mares de lágrimas secas. Pensé en los fogones, el brasero, las flores de la mesa camilla y los esfuerzos por hacer de cada rincón de la casa un lugar transitable, mientras la soledad amenazaba con inundar las habitaciones haciendo naufragar los besos.
A ellas las he conocido tarde, y las he imaginado también tarde, y es que eran, la mayor parte del tiempo, invisibles, aunque a veces se pintaran de rojo los labios para señalar la dirección a los besos perdidos, por si acaso alguno se quedaba en la casa. Sus tiempos las abandonaron, pero hubo otras, herederas de los nudos tejidos en los dormitorios, que recogían la casa, y cuidaban de que no faltara nada. Y ahora, libres vagaban en el aire llenando de color las sombras. Algunas apostadas en las esquinas, deslumbrantes, mientras otras “al borde de un ataque de risa”, recogían caracolas, ciñéndose al cuerpo corpiños trenzados con palabras de libertad.
Hoy, los fantasmas del pasado acompañan la existencia de las nuevas y modernas mujeres, ataviadas con sofisticadas prendas interiores, viviendo en recargadas habitaciones propias, repletas de objetos, deslumbradas por el microondas, la termomix y la cirugía, acallando con la voz de la televisión el grito de rabia. Pero, ahogar las voces resulta ya imposible, porque por siglos se han alzado, creando un murmullo continuo que amenaza con convertirse en un oleaje que arrase la estupidez y la crueldad de un mundo injusto.
Algunas se empeñan en rescatar la vida, por eso no pueden abandonarse los paisajes. Desde los lugares más perdidos se alienta la búsqueda, siempre inconclusa, de los colores, y la prolongación de los mundos azules tras un velo, un carmín, un maquillaje, con la ilusión de conjurar con la magia nuestra muerte.
Y aquella tarde había vuelto a ocurrir, aquella mujer azul había atravesado, en un ejercicio circense, desde su espacio interior a las paredes de mi casa, para sostener una niñez inabarcable. Por eso estoy segura de que, de espaldas, reía.
Ros
Godella 2008
oleo rosa pastor

La foto "encadenada"de María Dolores Frías nos propone una reflexión sobre la violencia de género

jueves, 26 de noviembre de 2009


A MANO AMADA

A mano amada,
cuando la noche impone su costumbre de insomnio
y convierte
cada minuto en el aniversario
de todos los sucesos de una vida;

allí,
en la esquina más negra del desamparo, donde
el nunca y el ayer trazan su cruz de sombras,

los recuerdos me asaltan.

Unos empuñan tu mirada verde,

otros
apoyan en mi espalda
el alma blanca de un lejano sueño,
y con voz inaudible,
con implacables labios silenciosos,
¡el olvido o la vida!, me reclaman.

Reconozco los rostros.
No hurto el cuerpo.

Cierro los ojos para ver
y siento
que me apuñalan fría,
justamente,
con ese hierro viejo: la memoria.

Angel Gonzalez
fotografía ros


La exposición es imprescindible, impresiona ver lo cerca que estamos y la cotidianidad de los delirios y obsesiones. Los documentales nos acercan a una realidad excluida y a la historia de la violencia de los psiquiátricos, y mas concretamente a los de Valencia.

Pinacoteca Psiquiàtrica a Espanya, 1917-1990

Del 22 d'octubre de 2009 al 24 de gener de 2010

Sala Estudi General – La Nau

Horari: de dimarts a dissabte de 10 a 14 hores i de 16 a 20 hores. Diumenge i festius de 10 a 14 hores.

http://www.uv.es/cultura/v/docs/exppinacotecapsiquiatrica09.htm

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