La mujer rebelde
La mujer de la foto sonreía tímidamente presidiendo el dormitorio. El flash congeló su imagen y a partir de entonces no volvimos a verla. Como una sombra vagaba por la casa, sus gemidos helaban el corazón y su risa histérica rebotaba en las paredes produciendo un eco siniestro. Su espíritu reivindicativo atravesaba las paredes provocando el pánico entre los vecinos. No cejó de importunarnos hasta que el fotógrafo le devolvió el alma que le había robado. Ahora, muy seria, descansa en paz.
Rosen
Un lugar y un espacio para descubrir las pequeñas cosas perdidas en el tiempo. Los olvidos, los recuerdos y las imágenes que guardamos celosamente en la retina. Lo que fue privado y se escapó por las ventanas. El nunca y el jamás de los cuentos, de los cuentos chinos...de nuestros cuentos.
jueves, 22 de julio de 2010
viernes, 4 de junio de 2010
La Traca
La cena se enfriaba en la mesa, mientras él con su impecable frac rebobinaba la escena: el sermón del cura atándolos de por vida, las damas y unas niñas repetidas llevando las arras, las flores, el órgano acompañando la entrada, el velo de la novia enredándose en la alfombra, su madre, la madrina, sufriendo lo indecible por tratar de arreglarlo… y el beso. En el momento de la salida: TRACATATATAAAAPUNPUN. Su novia, con la cara desencajada y el moño lleno de arroz, levantándose las faldas, echo a correr desesperadamente, mientras gritaba: ¡No, que después vendrá la cremá ¡
La cena se enfriaba en la mesa, mientras él con su impecable frac rebobinaba la escena: el sermón del cura atándolos de por vida, las damas y unas niñas repetidas llevando las arras, las flores, el órgano acompañando la entrada, el velo de la novia enredándose en la alfombra, su madre, la madrina, sufriendo lo indecible por tratar de arreglarlo… y el beso. En el momento de la salida: TRACATATATAAAAPUNPUN. Su novia, con la cara desencajada y el moño lleno de arroz, levantándose las faldas, echo a correr desesperadamente, mientras gritaba: ¡No, que después vendrá la cremá ¡
jueves, 22 de abril de 2010

La consulta
La de los días de lluvia era gris, la de los de sol amarilla. Desde hacia tiempo sufría constantes cambios de color, pero pensamos que terminaría adaptándose a la luz. No ocurrió así y la llevamos al médico. Nada más entrar se volvió blanca como la bata del médico. Esta niña sufre síndrome cromático-dijo el médico, y le recetó unas cataplasmas rojas que causaron un efecto desastroso. Difuminada y borrosa estuvimos a punto de perderla hasta que decidimos volver a colgarla en la pared.
ros.Microrelato ganador en Relatos Encadenados Cadena Ser
oleo rosa pastor
jueves, 1 de abril de 2010
Desaparecido
¡Imbéciles! Con un ruido sordo la palabra golpeó los cristales atravesando la sala. Se hizo el silencio y dejamos de gritar: que se besen, que se besen. Mientras intentábamos disimular escondiéndonos debajo de las servilletas, ella se levantó y al hacerlo estiró del mantel. La tarta de novios se vino abajo y las copas de cristal chocaron contra el suelo estrepitosamente. Había estallado una tormenta y no llevábamos paraguas. Alguien había dejado junto a las figuritas de los novios una nota que decía: Por favor, no vuelvas. Y el novio había desaparecido
ros.Microrelato seleccionado en Relatos encadenados. Cadena SER
¡Imbéciles! Con un ruido sordo la palabra golpeó los cristales atravesando la sala. Se hizo el silencio y dejamos de gritar: que se besen, que se besen. Mientras intentábamos disimular escondiéndonos debajo de las servilletas, ella se levantó y al hacerlo estiró del mantel. La tarta de novios se vino abajo y las copas de cristal chocaron contra el suelo estrepitosamente. Había estallado una tormenta y no llevábamos paraguas. Alguien había dejado junto a las figuritas de los novios una nota que decía: Por favor, no vuelvas. Y el novio había desaparecido
ros.Microrelato seleccionado en Relatos encadenados. Cadena SER
lunes, 8 de marzo de 2010
cualquier día

Cualquier dia
No fue el 8, antes no fue el 8. Fueron días y años de olvido, de presencias ocultas, de dormitorios oscuros, de cárceles de cacerolas y barro. Hoy vivimos el espejismo de ser como queremos y aunque es verdad que algo del deseo se ha cumplido, no podemos dejar de mirar más allá de nuestro ombligo.
sábado, 27 de febrero de 2010

Dias sin verte
Entonces es martes, seguro, por lógica, me dices muy serio. Me desespero porque ayer no fue ningún día, ni mañana podrá serlo. No te creo. No puedo verte porque hoy no es martes, los martes se han perdido en el calendario y se esconden en la puerta de la nevera llena de fechas y no te encuentro. Estoy cansada de ser un día de la semana. Recuerdo un lunes, pero luego nada. Saldré a ver si la luna me dice que día es hoy porque tu lógica no la entiendo.
ros Febrero
lunes, 8 de febrero de 2010

La mujer de las botas de agua.
No podía levantar los ojos, me pesaban como si los párpados fueran de plomo. Con dificultad sobrellevaba la sinusitis que me tenía atrapada. Los días pasaban planos, monótonos, apenas la noche entre ellos. Después de tanto tiempo paralizada no sabía si podría volver al mundo, me estaba acostumbrando a un universo de pantalla y ventanas y apenas distinguía lo real del tiempo con el tiempo del ratón. No exagero si digo que me bastaba con la música, pero miento, necesitaba el calor de la gente, aunque dormitara placidamente viendo crepitar las llamas en la estufa. Desperté de golpe cuando el paisaje empezó a hacerse blanco. Una oleada de cristales bajaba por las cortinas. En unos minutos toda la casa se cubrió de blanco, el sofá tapizado de copos y la cocina con estalactitas. La estufa se apagó y hacia frío, un frío que me helaba las orejas. Al principio creí que podría convivir con el blanco que amenazaba con inundar mi dormitorio, pero no pude y salí a la calle. Me llevé una sorpresa: el mundo había cambiado, era gris.
Afuera los edificios se confundían con el asfalto y el verde de los árboles se teñía de agua sucia. Me deslicé por el barro que cubría las aceras, buscando lugares conocidos. Era inútil, nada era lo mismo, todo estaba sumergido en una niebla espesa que me impedía caminar. En vano mi memoria trataba de bucear en los recuerdos, los azules ni los ocres existían y tampoco la luna. Era un cataclismo: el cambio cromático. Por un momento pensé que, quizás, yo era la única superviviente. Algo había ocurrido mientras yo pasaba los días encapsulada. Tenía que encontrar a alguien, necesitaba respuestas urgentes.
Era desolador, no sentía ni frío ni calor, mi cuerpo, entumecido por el frío que había barrido la casa, despertaba con dolor, la mirada perdida en aquella inmensa ciudad vacía. ¿Dónde estaban todos? Allí, antes, había habido alguien andando, comiendo, paseando, trabajando, yo no podía haber soñado su existencia. ¿Cómo era posible que no quedara nadie?
En mi desesperación entré en lo que parecía una iglesia con cálices desteñidos y santos desnudos. Me impactó el vacío sobrecogedor que llenaba el espacio definido por bancos y altares. Salí sintiendo que siglos de historia se habían detenido. No podía continuar mi paseo errático, necesitaba un plan.
La ciudad era irreconocible y tuve que hacer un gran esfuerzo por recordar lugares. Lo que primero que me vino a la memoria fue el patio del colegio y fui a buscarlo, atravesé las piedras dormidas hasta llegar al pequeño jardín en el que jugaba de niña. El silencio ahogaba las canciones que de niña había cantado. Me situé en una esquina intentando seguir el juego del escondite: uno, dos, tres... al llegar a diez me interrumpió un aleteo de faldas. Estaban allí, no podía verlos pero los escuchaba, voces alegres, chillonas, atropelladas. Y luego el silencio nuevamente. Pensé que si subía las escaleras podría encontrarlos en clase. Aquella clase que yo recordaba pintada de verde y repleta de dibujos. Cuando llegué arriba sin titubear abrí la puerta. Los dibujos se habían descolorido y el verde de las paredes se había transformado en negro. Cerré los ojos y olí mi niñez: sudor y nenuco. Las sillas yacían abandonadas, desmadejadas y de la pizarra cayeron números y letras: uno, dos, tres, mi mama me mima, yo amo a mi mama… Quedé ensimismada en el bucle de mis recuerdos hasta que un rumor de agua me despertó. Llovía a cantaros. Decidí acurrucarme en uno de los arcos del patio y fue entonces cuando la sentí llegar como una sombra. Desde la distancia pude verla chapoteando con sus botas de agua, ajena a la lluvia, ajena a mí. Envuelta en la niebla giraba como un Derviche. Le hice señas inútilmente. Me ignoraba o no podía verme porque el ala de su sombrero le caía sobre los ojos. De pronto desapareció. Estaba desesperada, el único ser vivo que había visto se esfumaba.
Extracto del relato la mujer de las botas de agua. Rosen 2010
jueves, 14 de enero de 2010
Piel interior
Si me preguntas no podría decirte cuando pasó, ni cuando decidí dejarte. Pero voy a hacer memoria: Esa noche, ¿recuerdas? yo no quería salir, hacía mucho calor y tenía un vago presentimiento de catástrofe, pero, a pesar de todo, te acompañé. Sobre el ruido de copas y música sobresalía tu voz, mascando sonidos y echando furias que rebotaban en las rojas paredes del club. La gente se apretujaba en la barra, frotando sus cuerpos anónimos con movimientos pendulares Y allí estabas tú, en el centro de aquella vorágine. Hacía mucho rato que me ignorabas, entretenido en desplegar tus alas de colores con las que hipnotizar a aquellas niñas de carnes prietas, subidas en tacones de vértigo. Hacías esfuerzos por destacar, tu cuerpo se enroscaba en sus piernas, mientras los ojos se te salían de las órbitas. Perpleja, contemplé como se producía una metamorfosis inesperada: te estaban saliendo escamas, las uñas y el cabello te crecían, mientras los ojos, teñidos de un azul vidrioso, giraban enloquecidos. No daba crédito a lo que veía. Eras otro, muy diferente al ser casi insignificante que le temía a las arañas y que en las noches sin luna se acurrucaba en la cama temeroso, diferente al ser meloso que había recorrido mi cuerpo tiempo atrás.
Después de aquella noche esperé un tiempo para ver si los cambios eran reversibles, pero no lo eran, tú ya pertenecías a otra especie y de tu boca ya no salían besos sino azufre. Mientras el neón de tu piel se encendía derritiendo las noches, yo me debatía entre el asombro, el miedo y la indignación ante tu escurridiza impostura. Fueron consumiéndose los días del verano y fue con las primeras lluvias cuando supe que no quería quererte, que no podía, y que, a pesar de que todo estuviera preparado para ignorarlo, yo no podía dejarme arrastrar por esos ciclos malditos que, sin duda, te habían transformado en un ser de un universo abisal. Tenía que salvarme, aunque para ello tuviera que romper en pedazos los recuerdos que me ataban a tu piel. Por eso, ayer, antes de que se avecinara un nuevo episodio de transito nocturno, sentí un impulso irrefrenable, y mientras el agua de la ducha caía sobre tu resbalosa piel, cogí mis cosas y me marché. Y esto es en resumen lo que ha pasado. Se terminó, ya no mas, no estoy dispuesta a esperar que cambies nuevamente de piel.
oleo Rosa Pastor
Ros Enero 2010
martes, 22 de diciembre de 2009
lunes, 21 de diciembre de 2009

Una vez más
Ensordece este ruido de campanas que ahoga el mar de los abrazos perdidos, de los océanos que se elevan atrapando la vida, del calor que asfixia a los pájaros y a los niños. Un centelleo de lujo ahoga el grito del planeta mientras se sientan a la mesa los insaciables comensales del mundo.
ros. navidades 2009
martes, 15 de diciembre de 2009
lunes, 7 de diciembre de 2009
viernes, 4 de diciembre de 2009
La ventana
Ni subido a una escalera conseguiría besarte, pero lo intento cada noche. Mientras tú, impasible, vestida de blanco, vas menguando y creciendo hasta que la luz del alba te hace cambiar de traje. No conseguía besarte, por eso decidí recortarte, y ahora estas atrapada para siempre en el cristal de mi ventana.
ros 2009
Ni subido a una escalera conseguiría besarte, pero lo intento cada noche. Mientras tú, impasible, vestida de blanco, vas menguando y creciendo hasta que la luz del alba te hace cambiar de traje. No conseguía besarte, por eso decidí recortarte, y ahora estas atrapada para siempre en el cristal de mi ventana.
ros 2009
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