martes, 11 de octubre de 2011


La adormidera

¿No ves que me levanto cansada? Y era verdad,siempre fue verdad. Aunque hiciera un día esplendido no podía con su alma. Su cabeza pendía oscilante de su largo y fino cuerpo. Decaída parecía estar a punto de troncharse. Al principio pensé que estaba enferma, consultamos al médico, hicimos un peregrinaje por hospitales y médicos de la ciudad, pero nada, nadie daba con la enfermedad que le producía tan persistente síntoma. Fuimos objeto de miradas de extrañeza, corrillos e incluso airadas reprimendas por utilizar tanto los servicios de la seguridad social. Sin desanimarme estudié nuevas causas: el colchón, seria el colchón. Buscamos de tienda en tienda, colchones había por supuesto donde elegir: de muelles, viscoelásticos, de látex…, muchos, muy caros y de princesa. En cada uno la dejaba caer con su aire de desmayo hasta que cerraban la tienda mientras el vendedor, atónito, no sabía si llamar a la policía o a los loqueros. Fuimos, estoy seguro, la causa de muchos despidos, incrementado las listas del paro de forma considerable.
Un día, al llegar a casa susurró a mi oído: estoy seca, y mientras dejaba caer el agua de la ducha sobre su cuerpo se esponjó y recuperó de golpe su belleza. Desde entonces la tengo en un florero encima del piano. Y está preciosa.

miércoles, 28 de septiembre de 2011


El muro

No hay fronteras aunque un muro nos divida, un rojo de amapolas extiende la vida desde el jardín. Lentamente hojeo el libro que encontré abandonado. Alguien en su caminar lo dejó olvidado o quizás quiso que otra mirada desgranara sus versos. De pié, frente al muro, leo en voz alta y las palabras rebotan brillantes: “No hay lugar para el desánimo, las redes que tejieron sobre nosotros se han roto. El espacio vibra con los gritos contundentes de la indignación de siglos” Y como un eco, desde el otro lado de la tapia, oigo las voces de los niños que reinventan en el patio de la escuela el juego de la vida.

fotografía ros

martes, 6 de septiembre de 2011


Verano

Deshilachada y perezosa se arrastraba por un mar de confusiones. El calor del día había terminado por secar sus convicciones más íntimas. Condenada por el viento de poniente a cerrar puertas y ventanas, pasó las horas acompañada por el canto repetitivo de las chicharras. Hasta que la puesta de sol hizo estallar el color y el aire fresco se extendió saludando la noche, no se sintió segura. Entonces salió a la calle. La luna abrió su blanca sonrisa y se enseñoreó del mundo.

fotografía rosen

jueves, 11 de agosto de 2011


EL SUEÑO

No supo nunca cual fue el origen de su insomnio, su pesadilla comenzó de forma inesperada: una noche despertó bruscamente y cayó de la cama. El golpe la dejó aturdida, se incorporó como pudo y trató de encender la luz de la mesilla. No había electricidad, la oscuridad era total. A tientas se arrastró por la habitación golpeándose con los muebles. Notó que un hilo de sangre le bajaba por la frente. Presa del pánico se quedó quieta, arrinconada en una esquina de la habitación hasta que amaneció. Ahora, noche tras noche espera aterrada la llegada de la oscuridad. Escondida bajo las sábanas sufre la desaparición del día. Sabe que con cada hora un manto negro irá cubriendo la ciudad y penetrará en su casa. El tictac del reloj inmisericorde la acerca al momento fatídico. Desesperada se pregunta porqué el sueño la ha abandonado para siempre.
Ros
Relato finalista I Concurso de microrelatos La cesta de las palabras. Misterios para el sueño. Ediciones Osiris 2011

martes, 5 de julio de 2011


El hombre del paraguas

Lejos, muy lejos está el deseo. Cerca, muy cerca estan el mar, la bruma, la lluvia y los atardeceres grises. Él lo sabe pero espera paciente que una tarde cualquiera aparezca, sobresaliendo entre las olas, aquel deseo olvidado de la infancia, y que el tiempo gris se rompa con los colores de su paraguas.

fotografía Ana Gimenez

jueves, 16 de junio de 2011


Mujeres

Cristales en la boca y un dolor que se instala en el vientre, mientras las observo: pacientes, olvidadas tras los velos, ahogadas en un silencio de siglos, cosen bajo el sol. Pasan las horas y siguen inmóviles en un tiempo detenido que las sujeta y asfixia sus voces. Acabo el té, me pierdo en la Medina con la garganta llena de gritos

miércoles, 8 de junio de 2011

Paréntesis

Afuera y adentro, líneas de un alfabeto mudo en la pantalla mientras desgrano los versos. Luces y sombras intermitentes que parpadean. Me acurruco en el sillón dejando pasar el tiempo, envuelta en mil palabras recogidas en el papel efímero de la memoria. Amanece y sigo enredada entre las páginas, deseando que no se acabe nunca, hasta que el olor a café me lleva de golpe al día. Abandono el sueño y recupero mi paciente cordura cotidiana.

lunes, 16 de mayo de 2011



El violín roto
Decían que le acompañaba en el silencio de la noche hasta que se dormía, vibrante, colorido y aéreo, nunca se separó de él hasta que un día lo perdió.
Esta puede ser una historia que oí de niña, un cuento, un recuerdo, pero pudo ser de otra manera, de mil maneras, aunque a mi me guste esta.
Pero puestos a imaginar bien podría ser que no hubiera existido nunca, o que ella estuviera harta de su machacona y nocturna cadencia y en un arranque lo hubiera roto. También pudo ser que sometida al ejercicio rutinario acabara tirándolo por el balcón. Imaginemos lo que puede suponer para una niña pequeña no poder jugar porque el violín le ocupara todo el tiempo, o lo que significa ir cargada todos los días con él, y lo difícil que puede llegar a ser aguantar la soledad del solfeo cuando los sonidos que salen chirrían irritados.
Seguro que no es una vida fácil y todavía no hemos pensado en sus padres y en esa expectativa de triunfo con la que envuelven a la niña. ¡Cuidado con las manos!, le dicen cuando la ven hurgar la arena con los dedos. ¡Cuidado con las manos!, y ella se las mira no sabiendo muy bien que hacer con ellas para no estropearlas, intentando no romper el frágil cristal de sus dedos.
No debe de ser fácil crecer entre desafinos, corcheas, semi-corcheas y pentagramas obsesivos que la persiguen hasta que se duerme. Debe de ser exasperante esperar pacientemente que después de miles de repeticiones salga algo que no dañe los oídos.
Por eso puedo también imaginarme otro final: que cuando al fin lograra algo musicalmente perfecto no quisiera más y delicadamente lo abandonara en el mar. Apretando la arena entre sus manos, lo vería hundirse con el arco sobresaliendo como el periscopio de su alma de madera, sonriendo y sin derramar una lágrima. Es posible.

rosen
Juan Gris 'Violin et guitarre'

domingo, 15 de mayo de 2011



Al aire

Al aire, tíralo al aire
que se lo lleve.
Ya no lo quiero, me pesa.
Demasiado tiempo, demasiado.
Al aire, espárcelo entre la arena,
disuélvelo en la tarde.
Luego, sin dormir, olvida

martes, 3 de mayo de 2011


Insomnio

Desde la cama oigo el ruido de las olas que avanzan anegando los campos que nos separan del mar. Olas de cenefas blancas se elevan para caer arrastrando las piedras. Un tiempo de otoño en una estación equivocada, imprevisible y húmeda.
Insomne oigo el estruendo mientras en mi cabeza bullen imágenes y pensamientos desordenados. Cambio de posición, me desespero. Soy un ovillo de sábanas azules tejido a fuerza de despertares inoportunos. Estiro de las sábanas y saco una mano para pedir socorro a las horas. Miro el despertador: las tres de la madrugada. La noche es lenta, inacabable y hace frío.
Oigo sus palabras cayendo como la lluvia dejando enormes charcos de confusión. No lo entiendo, por más que me esfuerzo no comprendo ni su ortografía ni su sintaxis. Los interrogantes han desaparecido y en su lugar puntos y aparte trocean nuestra experiencia cotidiana. Un discurso monotemático, con fronteras, ocupa los lugares vacíos de la ternura. Demasiadas oraciones que borran cualquier resquicio de libertad. Palabras opacas, impenetrables que llenan los armarios de la cocina y las estanterías del salón. Palabras estrechas y frías que avanzan por el pasillo hasta nuestra cama.
Durante horas sigo inmóvil, atravesada por un viento frío que sin misericordia amenaza con helarme el corazón.
Amanece mientras le oigo roncar a mi lado. Luego vendrá la ducha y el café y esa pregunta estúpida con la que me atormenta todos los días: ¿Has dormido bien, cariño?
Ros.
fotografia ros

lunes, 4 de abril de 2011


Rutinas

El dentífrico…en su sitio.
Los besos se suceden
rutinarios y exactos
justo, a las horas previstas
hoy, ayer, mañana.
Te quiero; vuelvo a las siete
Te quiero; yo compro el pan
Los niños ya son grandes
Ayer y hoy, siempre iguales

Trinidad Pastor
30 Poemas de Rutinas y Olvidos

jueves, 24 de marzo de 2011


Como hacer para estar…

Amanecer con el tiempo
empaparse de la lluvia
oler el día
atravesar el neón
quedarse quieta y abrigarse con palabras.

lunes, 21 de marzo de 2011


No hay tiempo

No pases un tiempo eterno tras los cristales.
Abre la ventana.

No esperes el sol que quema.
Quédate con la luna

Deja pasar la luz, no tengas miedo

martes, 8 de marzo de 2011


Es hora

Déjame abrazar la luna, déjame volar con los cometas. No me digas que no puedo, no me digas que ya es tarde. Me iré con ellas a extender las palabras por el mundo hasta que cubran la maldad, hasta que no quede un resto de oscuridad, hasta que ya no haya lugar para el infierno. Suéltame, no quieras sujetar mi tiempo.

rosen.

martes, 15 de febrero de 2011

Fiambreras viajeras

¡Tachan! y agitando las manos con gesto de prestidigitador, dejo las zapatillas alineadas al lado de la cama y desapareció. Se fue dejando la comida hecha, las camas recogidas, la ropa planchada y la lavadora en marcha. Nos quedamos solos. En vano la buscamos en las calles, en los centros comerciales y en las paradas de autobús. Durante semanas recibimos puntualmente sus fiambreras con especialidades de diferentes lugares, hasta que un buen día cesaron los envíos, pero para entonces ya habíamos aprendido a cocinar.

lunes, 3 de enero de 2011


fotografia ros

Eterno retorno
Hay días de neón que deslumbran, tras ellos el apagón de los días grises nos deja a oscuras.
A tientas tropezamos con la cotidianeidad una y mil veces, hasta que un sueño nos saca a la luz nuevamente

miércoles, 22 de diciembre de 2010

viernes, 10 de diciembre de 2010



El color del tiempo

fotografía ros

miércoles, 8 de diciembre de 2010


Indiferencias
fotografia ros
Cruzan sin mirarse, a veces tropiezan, pero están a salvo resguardados tras sus cuerpos.

Pasas como el aire, corres como el agua y te disuelves como el azúcar en mi taza.

No está mal este estado de invisibilidad, interrumpido tan solo por el café que cae dibujando circuitos interminables.

Enroscada a tu cuerpo conservo la piel intacta, destrozado mi rostro por el filo del otoño desespero por un tiempo cálido.

jueves, 25 de noviembre de 2010




Inercia

Esta mañana he vuelto a encontrar la tapa del váter levantada. Mientras me ducho pienso: debo comprar y llevar a la niña al médico. Me pesan los párpados, salgo del baño necesitando urgentemente café. Mecánicamente agito el cola-cao, preparo las tostadas y la cafetera al tiempo que ayudo a María a vestirse. De improviso las tostadas achicharradas salen disparadas, huele a café quemado y la niña no quiere tomarse el Cola Cao. A pesar del desbarajuste, como siempre, no hablamos. Mientras llevo al colegio a María trato inútilmente de convencerme de que lo que realmente importa es la cama.

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