martes, 5 de enero de 2016




Sin armas

Demasiado corto, demasiado. La luz cambió las sombras y erradicó el mal. Fue un sueño o quizás un instante de lucidez planetaria.  Las hojas del otoño se preparan para caer sobre los restos. Si me duermo volveré a  soñar con el milagro de la multiplicación de la sensatez, los panes y los peces. Cierro los ojos.
















 oleo. Rene Magritte

miércoles, 16 de diciembre de 2015



El pupitre
Cada día, al atravesar la puerta de la escuela se producía el milagro: vocales y consonantes componiendo  textos ricos en colores, y  números formando notas musicales  colgadas del techo. Por el peso de las horas caían sobre los cuadernos, hasta que en casa al abrirlos volvían a volar, colgando de las cortinas y las lámparas.  El espacio se multiplicaba sobrepasando los límites del pueblo.  Los mapas extendían la tierra que pisaba, surcados por ríos permitían navegar del mediterráneo al norte.
Rosa.Pastor. Extracto  El pupitre. En Relatos en Blanco y negro. Generación Bibliocafé. (2015 

lunes, 30 de noviembre de 2015




Ahora


Ahora que la oscuridad se abre paso entre las ruinas, que la respiración se entrecorta con cada bala, es momento de bordear el límite del tiempo, caminar sobre las aguas tranquilas del recuerdo y levantar las voces hasta que estallen los cielos de
rabia.

sábado, 21 de noviembre de 2015

sábado, 31 de octubre de 2015


Rayuela



 En la plaza no hay ni un alma, ningún signo de vida. En lugar del bullicio habitual se ha instalado un silencio gélido. No hay risas ni empujones, ni palomas que coman las migas desparramadas de la merienda. Nadie juega. El ritual se ha roto. Alguien ha borrado las líneas. Los niños se retiran cabizbajos a sus casas. Al día siguiente armados de tizas vuelven a pintar las rayas en el suelo. El juego empieza y la plaza se llena nuevamente de risas, tropezones y carreras.  

jueves, 15 de octubre de 2015


La miga de pan


Recluida en el pozo seco, pronto se callará. No tendremos más problemas señor, nadie la ha visto caer con la hogaza de pan en la mano, dijo en voz baja el guardián de los panes.
 Aunque la robó en un descuido no pudo escapar a los cien mil ojos del señor de la usura.
 Una vez impuesto el orden, el amo cerró sus párpados satisfecho. Sus vigilantes, cegados por la noche, no vieron como ella, que había estado llorando amargamente anegando el pozo de lágrimas, conseguía subir a flote de puntillas sobre una miga de pan.

lunes, 5 de octubre de 2015


Persiguiendo sueños

Al alba los susurros la despiertan, pertrechada de humo se desliza a través de la ventana abierta. Las sombras desaparecen de la palidez de su rostro. Extiende sus manos y la música se desliza entre sus dedos. Es otoño y su cuerpo se balancea en el aire como las hojas. Invisible, abandona el deseo.
 Dibujo de Burdick "Todo comenzó cuando alguien dejó la ventana abierta" 
(Los misterios del Señor Burdick, Chris Van Allsburg)


sábado, 5 de septiembre de 2015

Insoportable


Imposible asistir al miedo, impasibles al grito que desgarra.

Caminan con los pies rotos,  la esperanza húmeda de tanto llanto acumulado.
 El terror se ha hecho cotidiano, atrapando el futuro entre  vallas y barcazas.

En silencio, en  el mar se hunde la vida. 

Fotografía Reuters.

jueves, 2 de julio de 2015


Inanición

Una y mil veces se dijo que no lo haría, que no se atrevería a entrar, pero ese día encontró la fuerza suficiente para hacerlo. Al levantarse se miró al espejo, ojeroso y demacrado, el estómago le había disminuido tanto que se le cayeron los pantalones y tuvo que de ponerse tirantes para sujetarlos. Era la viva imagen de un triste payaso. Todo había empezado cuando engordó desmesuradamente y se vio obligado a dejar su gran pasión: cocinar. Amontonó tanta comida en la nevera y en el congelador que tuvo que repartirla entre los vecinos porque amenazaba con sobrepasar la cocina e inundar el piso, engrasar el pasillo y enharinar las sábanas. Después de pasar una fase aguda de restricciones se dio cuenta de que había perdido no solo kilos sino también la alegría de vivir. La inanición le mustiaba poco a poco como a las macetas que sin el riego necesario se morían abandonadas en el alfeizar de la ventana. Por eso, aquel día lo hizo, arrastrando los pies se dirigió al restaurante más caro de la ciudad. Con la carta en la mano apenas pudo distinguir entre pato, conejo o cerdo. Se le nublaba la vista y con su mirada borrosa mezclaba todos los platos. Debilitado por el esfuerzo tan solo pudo decir: camarero póngalo todo de segundo, no tomaré postre y cayó desmayado sobre el plato

http://www.mediafire.com/view/xgeab0b33038bj9/VE-15_JULIO-AGOSTO.pdf

domingo, 28 de junio de 2015


Inmersión


A las cuatro empezaba su serie favorita, sus hijos ya habían comido y se apresuraba a recoger los platos. De régimen riguroso no se sentaba a la mesa con todos, aunque disimuladamente siempre picaba algo. Esa vez, cuando todos se marcharon preparó un abundante plato de jamón serrano y se sirvió una copa de vino. Sentada en el sofá, miraba sin parpadear la televisión cuando de pronto una luz muy potente la absorbió como un embudo. Esa noche cuando volvieron tan solo encontraron restos del jamón en el plato. Ese día quedaría marcado para siempre en el calendario familiar.

miércoles, 3 de junio de 2015

Mensaje perdido



La inquisición no tardará en llegar, dice la nota que guarda en su bolsillo.  Debe  entregarla a los temerosos de  la furia de las mujeres y los niños.  En lo más alto de la montaña descubre como ellas dirigen sus cánticos al mundo, ensalzando el brillo de la luna, la libertad de los colores y la infinitud de las estrellas. El cristal de sus voces golpea los muros, llamando a la rebelión, su naturaleza  indomable se desata.  Las defensas caen.  Los inquisidores son devorados por su propio fuego y el  mensajero se hunde en el agujero de la historia.

acuarela Claudia Neubauer

martes, 26 de mayo de 2015

Impedimento


Si pudiera convertiría mis huellas en barro, afilaría los ojos y pisaría las lágrimas.
Pero tengo una memoria que no cesa,
 un surtidor de sueños  que no me deja abandonarme a la locura.

martes, 21 de abril de 2015



Ultima lectura


Confiado en que, después del fracaso editorial, pudieran guardar una cierta relación, se  abrió  para que  pudiera leerle. Su voz atronadora le hizo tambalear y caer al suelo. Cuando lo arrojo a la calle supo que llegaba al último capítulo. Mientras caía sintió morir su complicidad creativa. 
 No resistió el envite de la lluvia de sus palabras ácidas, sus hojas al deshacerse, emborronadas por la humedad de su desilusión, se deslizaron hacia la alcantarilla. 

       

sábado, 4 de abril de 2015


La última
 
¡A la cola, como todo el mundo! ¡A la cola, a la cola, listilla!  Mientras gritaba con voz hueca me empujaba levantando su brazo esquelético. Le obedecí sin rechistar, pero sin poder contener una sonrisa sarcástica. Por una vez no me importaba ser la última de la cola y prefería que otros pasaran delante, porque, aunque muerta, no tenía ninguna prisa por llegar al Juicio Final.

viernes, 20 de marzo de 2015



Algodón

Cuando despertó la vida se le había escapado por los agujeros de la memoria. Mientras las voces le llamaban insistentemente, trató sin éxito  de rellenar  los huecos con globos de colores.  Alfileres de dolor los pincharon. No tuvo más remedio que soportar para siempre el  algodón del vacío

Fotografia : Ana Jimenez

jueves, 8 de enero de 2015



Desde la rabia

El sentimiento que eriza la piel ante la barbarie comienza a ser cotidiano. Me  revuelve las entrañas pensar que las palabras tengan un efecto tan mortífero y que salgan disparadas al corazón de la libertad. No dejar el folio en blanco es
 una oportunidad de ganar a la muerte.

domingo, 21 de diciembre de 2014


Palabras

Hay palabras que como los pájaros revolotean, las hay que anidan y las hay que emigran cuando hace frío.

martes, 16 de diciembre de 2014




Voz propia


No era no. No sabía por qué no entendían su lenguaje. Quizás se habían quedado sordos o necesitaban un traductor que les trasladara nuevamente el sentido de las cosas. Resultaba agotador hacerse oír y que la voz sonara libre entre la maleza. Ya le pasó con el médico, se cansó de decirle que no quería hormonas pero él no parecía oírle. Incapaz de cambiar su obtuso pensamiento, lo ignoró y rompió las recetas. No se encontraba mal, solo se hacía mayor. Hasta sufrió la confabulación de sus hijas que no dejaban de hablar sobre papadas, bolsas, párpados, dietas… Planchar aquí y allá en una agresiva operación de restauración completa. Desde que se había quedado viuda no paraban de decirle que se arreglara con la feliz idea de que encontrara un nuevo marido. Y no, eso no, ya había tenido bastante. Ahora era su tiempo, aunque tuviera que combatir con sueños toda la sarta de imbecilidades que la rodeaban. Pasó a la acción. Llegó a un acuerdo con el espejo. Le habló muy seriamente, no podía seguir mostrándole una imagen cansina de tercera edad. Se tiñó el pelo de rojo, se compró pantalones y ropa de colores vivos. Luego se matriculó en clases de Yoga y como nunca había tenido la oportunidad de estudiar fue a la escuela del barrio. Por último, y eso fue lo mejor, allí se unió a una banda de poetas intermitentes que asaltaba bancos y periódicos recitando a viva voz a poetas olvidados. Sus hijas dejaron de hablarle.

En El vuelo de Neleb. 2014


l vuelo de Neleb es el resultado del III Concurso de relatos cortos Isonomia organizado por ACEN (Asociación de escritoras y escritores jóvenes) y recoge alrededor de 150 narraciones de vivencias, experiencias y ensoñaciones sobre los derechos y libertades, especialmente de las que aún no disfrutan muchas mujeres aquí en España o en cualquier lugar del mundo.

martes, 9 de diciembre de 2014


El nombre


Todo estaba patas arriba. La ciudad se había vuelto loca. Habitantes descoloridos y anónimos huían vestidos de incertidumbre. Coches y edificios se  desparramaban hacia el mar. La casa,  la cama y  la cocina  habían sufrido el envite de la goma de borrar y el  aguarrás, y húmedas se deshacían en un horizonte apelmazado y grumoso. Todo se desdibujaba. Todo menos un rincón: allí donde había escondido mi nombre. 

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