Un lugar y un espacio para descubrir las pequeñas cosas perdidas en el tiempo. Los olvidos, los recuerdos y las imágenes que guardamos celosamente en la retina. Lo que fue privado y se escapó por las ventanas. El nunca y el jamás de los cuentos, de los cuentos chinos...de nuestros cuentos.
domingo, 2 de diciembre de 2012
Deseos
Estaciones
Un otoño para guardar hojas con las que agitar el aire de la esperanza, un invierno para calentar las manos que nos unen, una primavera para que rebroten las palabras y un verano para dejar que se las lleve el mar.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
jueves, 15 de noviembre de 2012
El concierto
Se dibuja una sonrisa mellada en su arrugado rostro. Recoge las monedas, guarda cuidadosamente el violín, dobla la banqueta y da por acabada la tarde. Deambula de banco en banco a la espera de que caiga la noche. Las gafas empañadas le nublan la visión y sus pensamientos se congelan bajo el gorro de lana. Descubre un portal abierto y entra, no tiene nada que perder. Esa noche ensaya en sueños una nueva partitura.
miércoles, 24 de octubre de 2012
El escondite
Todo estaba patas arriba. La ciudad se había vuelto loca. Habitantes descoloridos y anónimos huían vestidos de incertidumbre. Coches y edificios se desparramaban hacia el mar. La casa, la cama y la cocina habían sufrido el envite de la goma de borrar y del aguarrás, y húmedas se deshacían en un horizonte apelmazado y grumoso. Todo se desdibujaba. Todo menos un rincón: allí donde había escondido mi nombre.
viernes, 19 de octubre de 2012
jueves, 13 de septiembre de 2012
camino
Camino
Hay tiempos cálidos que nos arropan, los hay que queman o hielan. Nuevos ritmos del deseo establecen los caminos. Sin darle tregua al desánimo nos abrazamos al sueño.
miércoles, 30 de mayo de 2012
Adormidera
¿No ves que me levanto cansada? Y era verdad, siempre fue verdad. Aunque hiciera un día esplendido no podía con su alma. Su cabeza pendía oscilante de su largo y fino cuerpo. Decaída parecía estar a punto de troncharse. Al principio pensé que estaba enferma, consultamos al médico, hicimos un peregrinaje por hospitales y médicos de la ciudad, pero nada, nadie daba con la enfermedad que le producía tan persistente síntoma. Pensé si sería el colchón y de tienda en tienda la dejé caer con su aire de desmayo probándolos todos, mientras el vendedor no sabía si llamar a la policía o al loquero. Hasta que un día, susurró a mi oído: estoy seca. La llevé a la ducha y mientras el agua caía sobre su cuerpo, se esponjó y recuperó de golpe su belleza. Desde entonces la tengo en un florero encima del piano. Y está preciosa
Finalista del II Concurso Búcaro de Microrelatos 2012
sábado, 19 de mayo de 2012
La Sopa
Un día echando mano de ingredientes imaginarios cocine una sopa en mis fogones. Muchos fueron los comensales que la probaron y decidieron que por su sabor merecía llevarla a palacios y castillos y darle una denominación de origen. Y así ocurrió y empujada por los molinos de viento aterricé en un pueblo de la Mancha llamado Quero. Al compartir la sopa con seres de colores diversos, se produjo un milagro: los negros y oscuros desaparecieron entre rayos y truenos, mientras que los blancos, azules, amarillos y violetas atravesaron el cielo en busca de un mundo mejor. Y esta es la historia del premio de microrelatos Museo de la palabra.
viernes, 27 de abril de 2012
Feria del Libro de Valencia
Espiral de espejos
Rosa Pastor Carballo
Firma de ejemplares el dia 28, sábado a partir de las 18.30 horas en la Feria del Libro de Valencia caseta de SIDECAR (79/80)
Amantes sorprendidas, ocurrentes, divertidas, reincidentes. Mujeres que buscan palabras, o cómo recopilar aromas y paisajes perdidos. Niñas que crecen construyéndose en furibundo antagonismo con los adultos, extraños justicieros, soñadores que transforman su experiencia en una llamada al lector para que se sumerja en estos cuentos de atmósfera acuosa, dejándose conducir por los personajes que se mueven como sonámbulos, bailando tangos o persiguiéndose a sí mismos intentando reconstruirse y renacer, no siempre con éxito.
martes, 27 de marzo de 2012
lunes, 6 de febrero de 2012
miércoles, 18 de enero de 2012

A salvo
Y no intentes escabullirte, que no te va a servir de nada.-Es un proceso lento pero inexorable, dijo clavando sus ojos turbios en ella. No tenía escapatoria, la había pillado intentando trepar por la ventana. A partir de entonces la sometió a todo tipo de carencias. Con el paso de los días su color se fue desvaneciendo. Amarilla y marchita, a las puertas de la muerte, decidió jugárselo todo. Se estiró todo lo que pudo hasta alcanzar la pecera y sumergió sus brazos en el agua.
ros.
jueves, 24 de noviembre de 2011

Presentación “ESPIRAL DE ESPEJOS”
Miércoles, 14 de diciembre de 2011 a las 19:30 horas.
Sala de la Muralla. Colegio Mayor Rector Peset.
Horno de San Nicolás, 4. 46001, Valencia.
Con la participación de Carmen Alborch,
Elisa Sanchís, Carmen Botello y la autora.
Editorial EL Nadir
http://www.elnadir.es/_cms/

La sopa
Nuestro padre solía morirse los domingos. Al principio nos lo tomábamos muy mal: avisábamos al médico, a la funeraria, nos vestíamos de negro, llorábamos… Pero luego, a fuerza de sustos nos acostumbramos, era su forma de vivir, y entre muerte y muerte la vida continuó a la espera de sus nuevas muertes. Su tenacidad para morirse no se debilitaba y una noche, en la cena, en una de sus muertes más teatrales arrastró a mamá con él. Y eso si fue serio porque ella, que no tenía imaginación, hundió la cabeza en la sopa y se murió.
Rosa Pastor Carballo
Premio del II concurso internacional de microrelatos Museo de la Palabra convocado por la Fundación Cesar Egido. 23 de Noviembre de 2011
http://www.fundacioncesaregidoserrano.com
domingo, 20 de noviembre de 2011

Demasiadas horas sin luz
La vuelta, como siempre, le producía desasosiego: los preparativos, el viaje en solitario, la ansiedad por llegar y la casa que siempre se le antojaba misteriosa, como si albergara en sus entrañas algo desconocido y amenazante. Abrir la puerta suponía una experiencia inquietante. Luego no pasaba nada: introducía la llave, la giraba, se abría la puerta y encendía las luces. Eso era todo, estaba sana y salva en su espacio protector.Pero un día ocurrió algo que hizo saltar todas las alarmas.
Después de un largo y cansado viaje llegó a la estación. Cargada de maletas miró hacia atrás, buscando a alguien que le ayudara, pero el tren había desaparecido y estaba sola en el andén. Arrastrando las maletas atravesó el vestíbulo vacío y en penumbra. Se dirigió a la parada de taxis. No había ninguno. No podía hacer otra cosa más que esperar y se sentó sobre las maletas. A lo lejos distinguía como manchas borrosas las luces de los coches pero ninguno se acercaba a la estación. La noche, cada vez más cerrada, la sumergió en una espesa negrura. Comenzó a inquietarse, otras veces había tenido que esperar, pero no tanto. Tuvo la impresión de estar en una estación fantasma, paralizada en el tiempo. Miró el reloj. Un escalofrío le recorrió de pies a cabeza. Habían pasado doce horas y no había amanecido.
domingo, 6 de noviembre de 2011
El traje
Despertó a oscuras en una habitación desconocida. Sobresaltada palpó las paredes para reconocer el lugar, tropezó varias veces hasta que consiguió pulsar el interruptor de la luz. Una desnuda bombilla iluminó la habitación vacía. La sospecha de que algo extraño estaba pasando le provocó escalofríos y por su cabeza comenzaron a girar ideas terribles: estaba encerrada, la habían secuestrado, pedirían un rescate, la matarían… Intentó serenarse, respiró hondo y se dirigió hacia la puerta, giró el pomo y, ante su sorpresa, se abrió sin problemas. Desconcertada salió corriendo, ignorando las miradas de curiosidad que despertaba, atravesó la calle, llegó a un quiosco y rebuscó nerviosa entre los periódicos mientras el vendedor la observaba perplejo. En la primera página del periódico encontró una noticia: extraño suceso: una mujer desaparece en su noche de bodas. Conmocionada se miró detenidamente: llevaba puesto un arrugado traje de novia. Se desmayó.
Despertó a oscuras en una habitación desconocida. Sobresaltada palpó las paredes para reconocer el lugar, tropezó varias veces hasta que consiguió pulsar el interruptor de la luz. Una desnuda bombilla iluminó la habitación vacía. La sospecha de que algo extraño estaba pasando le provocó escalofríos y por su cabeza comenzaron a girar ideas terribles: estaba encerrada, la habían secuestrado, pedirían un rescate, la matarían… Intentó serenarse, respiró hondo y se dirigió hacia la puerta, giró el pomo y, ante su sorpresa, se abrió sin problemas. Desconcertada salió corriendo, ignorando las miradas de curiosidad que despertaba, atravesó la calle, llegó a un quiosco y rebuscó nerviosa entre los periódicos mientras el vendedor la observaba perplejo. En la primera página del periódico encontró una noticia: extraño suceso: una mujer desaparece en su noche de bodas. Conmocionada se miró detenidamente: llevaba puesto un arrugado traje de novia. Se desmayó.
martes, 11 de octubre de 2011

La adormidera
¿No ves que me levanto cansada? Y era verdad,siempre fue verdad. Aunque hiciera un día esplendido no podía con su alma. Su cabeza pendía oscilante de su largo y fino cuerpo. Decaída parecía estar a punto de troncharse. Al principio pensé que estaba enferma, consultamos al médico, hicimos un peregrinaje por hospitales y médicos de la ciudad, pero nada, nadie daba con la enfermedad que le producía tan persistente síntoma. Fuimos objeto de miradas de extrañeza, corrillos e incluso airadas reprimendas por utilizar tanto los servicios de la seguridad social. Sin desanimarme estudié nuevas causas: el colchón, seria el colchón. Buscamos de tienda en tienda, colchones había por supuesto donde elegir: de muelles, viscoelásticos, de látex…, muchos, muy caros y de princesa. En cada uno la dejaba caer con su aire de desmayo hasta que cerraban la tienda mientras el vendedor, atónito, no sabía si llamar a la policía o a los loqueros. Fuimos, estoy seguro, la causa de muchos despidos, incrementado las listas del paro de forma considerable.
Un día, al llegar a casa susurró a mi oído: estoy seca, y mientras dejaba caer el agua de la ducha sobre su cuerpo se esponjó y recuperó de golpe su belleza. Desde entonces la tengo en un florero encima del piano. Y está preciosa.
miércoles, 28 de septiembre de 2011

El muro
No hay fronteras aunque un muro nos divida, un rojo de amapolas extiende la vida desde el jardín. Lentamente hojeo el libro que encontré abandonado. Alguien en su caminar lo dejó olvidado o quizás quiso que otra mirada desgranara sus versos. De pié, frente al muro, leo en voz alta y las palabras rebotan brillantes: “No hay lugar para el desánimo, las redes que tejieron sobre nosotros se han roto. El espacio vibra con los gritos contundentes de la indignación de siglos” Y como un eco, desde el otro lado de la tapia, oigo las voces de los niños que reinventan en el patio de la escuela el juego de la vida.
fotografía ros
martes, 6 de septiembre de 2011
Verano
Deshilachada y perezosa se arrastraba por un mar de confusiones. El calor del día había terminado por secar sus convicciones más íntimas. Condenada por el viento de poniente a cerrar puertas y ventanas, pasó las horas acompañada por el canto repetitivo de las chicharras. Hasta que la puesta de sol hizo estallar el color y el aire fresco se extendió saludando la noche, no se sintió segura. Entonces salió a la calle. La luna abrió su blanca sonrisa y se enseñoreó del mundo.
fotografía rosen
jueves, 11 de agosto de 2011

EL SUEÑO
No supo nunca cual fue el origen de su insomnio, su pesadilla comenzó de forma inesperada: una noche despertó bruscamente y cayó de la cama. El golpe la dejó aturdida, se incorporó como pudo y trató de encender la luz de la mesilla. No había electricidad, la oscuridad era total. A tientas se arrastró por la habitación golpeándose con los muebles. Notó que un hilo de sangre le bajaba por la frente. Presa del pánico se quedó quieta, arrinconada en una esquina de la habitación hasta que amaneció. Ahora, noche tras noche espera aterrada la llegada de la oscuridad. Escondida bajo las sábanas sufre la desaparición del día. Sabe que con cada hora un manto negro irá cubriendo la ciudad y penetrará en su casa. El tictac del reloj inmisericorde la acerca al momento fatídico. Desesperada se pregunta porqué el sueño la ha abandonado para siempre.
Ros
Relato finalista I Concurso de microrelatos La cesta de las palabras. Misterios para el sueño. Ediciones Osiris 2011
martes, 5 de julio de 2011

El hombre del paraguas
Lejos, muy lejos está el deseo. Cerca, muy cerca estan el mar, la bruma, la lluvia y los atardeceres grises. Él lo sabe pero espera paciente que una tarde cualquiera aparezca, sobresaliendo entre las olas, aquel deseo olvidado de la infancia, y que el tiempo gris se rompa con los colores de su paraguas.
fotografía Ana Gimenez
jueves, 16 de junio de 2011
Mujeres
Cristales en la boca y un dolor que se instala en el vientre, mientras las observo: pacientes, olvidadas tras los velos, ahogadas en un silencio de siglos, cosen bajo el sol. Pasan las horas y siguen inmóviles en un tiempo detenido que las sujeta y asfixia sus voces. Acabo el té, me pierdo en la Medina con la garganta llena de gritos
miércoles, 8 de junio de 2011
Paréntesis
Afuera y adentro, líneas de un alfabeto mudo en la pantalla mientras desgrano los versos. Luces y sombras intermitentes que parpadean. Me acurruco en el sillón dejando pasar el tiempo, envuelta en mil palabras recogidas en el papel efímero de la memoria. Amanece y sigo enredada entre las páginas, deseando que no se acabe nunca, hasta que el olor a café me lleva de golpe al día. Abandono el sueño y recupero mi paciente cordura cotidiana.
Afuera y adentro, líneas de un alfabeto mudo en la pantalla mientras desgrano los versos. Luces y sombras intermitentes que parpadean. Me acurruco en el sillón dejando pasar el tiempo, envuelta en mil palabras recogidas en el papel efímero de la memoria. Amanece y sigo enredada entre las páginas, deseando que no se acabe nunca, hasta que el olor a café me lleva de golpe al día. Abandono el sueño y recupero mi paciente cordura cotidiana.
lunes, 16 de mayo de 2011

El violín roto
Decían que le acompañaba en el silencio de la noche hasta que se dormía, vibrante, colorido y aéreo, nunca se separó de él hasta que un día lo perdió.
Esta puede ser una historia que oí de niña, un cuento, un recuerdo, pero pudo ser de otra manera, de mil maneras, aunque a mi me guste esta.
Pero puestos a imaginar bien podría ser que no hubiera existido nunca, o que ella estuviera harta de su machacona y nocturna cadencia y en un arranque lo hubiera roto. También pudo ser que sometida al ejercicio rutinario acabara tirándolo por el balcón. Imaginemos lo que puede suponer para una niña pequeña no poder jugar porque el violín le ocupara todo el tiempo, o lo que significa ir cargada todos los días con él, y lo difícil que puede llegar a ser aguantar la soledad del solfeo cuando los sonidos que salen chirrían irritados.
Seguro que no es una vida fácil y todavía no hemos pensado en sus padres y en esa expectativa de triunfo con la que envuelven a la niña. ¡Cuidado con las manos!, le dicen cuando la ven hurgar la arena con los dedos. ¡Cuidado con las manos!, y ella se las mira no sabiendo muy bien que hacer con ellas para no estropearlas, intentando no romper el frágil cristal de sus dedos.
No debe de ser fácil crecer entre desafinos, corcheas, semi-corcheas y pentagramas obsesivos que la persiguen hasta que se duerme. Debe de ser exasperante esperar pacientemente que después de miles de repeticiones salga algo que no dañe los oídos.
Por eso puedo también imaginarme otro final: que cuando al fin lograra algo musicalmente perfecto no quisiera más y delicadamente lo abandonara en el mar. Apretando la arena entre sus manos, lo vería hundirse con el arco sobresaliendo como el periscopio de su alma de madera, sonriendo y sin derramar una lágrima. Es posible.
rosen
Juan Gris 'Violin et guitarre'
domingo, 15 de mayo de 2011
martes, 3 de mayo de 2011
Insomnio
Desde la cama oigo el ruido de las olas que avanzan anegando los campos que nos separan del mar. Olas de cenefas blancas se elevan para caer arrastrando las piedras. Un tiempo de otoño en una estación equivocada, imprevisible y húmeda.
Insomne oigo el estruendo mientras en mi cabeza bullen imágenes y pensamientos desordenados. Cambio de posición, me desespero. Soy un ovillo de sábanas azules tejido a fuerza de despertares inoportunos. Estiro de las sábanas y saco una mano para pedir socorro a las horas. Miro el despertador: las tres de la madrugada. La noche es lenta, inacabable y hace frío.
Oigo sus palabras cayendo como la lluvia dejando enormes charcos de confusión. No lo entiendo, por más que me esfuerzo no comprendo ni su ortografía ni su sintaxis. Los interrogantes han desaparecido y en su lugar puntos y aparte trocean nuestra experiencia cotidiana. Un discurso monotemático, con fronteras, ocupa los lugares vacíos de la ternura. Demasiadas oraciones que borran cualquier resquicio de libertad. Palabras opacas, impenetrables que llenan los armarios de la cocina y las estanterías del salón. Palabras estrechas y frías que avanzan por el pasillo hasta nuestra cama.
Durante horas sigo inmóvil, atravesada por un viento frío que sin misericordia amenaza con helarme el corazón.
Amanece mientras le oigo roncar a mi lado. Luego vendrá la ducha y el café y esa pregunta estúpida con la que me atormenta todos los días: ¿Has dormido bien, cariño?
Ros.
fotografia ros
lunes, 4 de abril de 2011
jueves, 24 de marzo de 2011
lunes, 21 de marzo de 2011
martes, 8 de marzo de 2011
Es hora
Déjame abrazar la luna, déjame volar con los cometas. No me digas que no puedo, no me digas que ya es tarde. Me iré con ellas a extender las palabras por el mundo hasta que cubran la maldad, hasta que no quede un resto de oscuridad, hasta que ya no haya lugar para el infierno. Suéltame, no quieras sujetar mi tiempo.
rosen.
martes, 15 de febrero de 2011
Fiambreras viajeras
¡Tachan! y agitando las manos con gesto de prestidigitador, dejo las zapatillas alineadas al lado de la cama y desapareció. Se fue dejando la comida hecha, las camas recogidas, la ropa planchada y la lavadora en marcha. Nos quedamos solos. En vano la buscamos en las calles, en los centros comerciales y en las paradas de autobús. Durante semanas recibimos puntualmente sus fiambreras con especialidades de diferentes lugares, hasta que un buen día cesaron los envíos, pero para entonces ya habíamos aprendido a cocinar.
¡Tachan! y agitando las manos con gesto de prestidigitador, dejo las zapatillas alineadas al lado de la cama y desapareció. Se fue dejando la comida hecha, las camas recogidas, la ropa planchada y la lavadora en marcha. Nos quedamos solos. En vano la buscamos en las calles, en los centros comerciales y en las paradas de autobús. Durante semanas recibimos puntualmente sus fiambreras con especialidades de diferentes lugares, hasta que un buen día cesaron los envíos, pero para entonces ya habíamos aprendido a cocinar.
lunes, 3 de enero de 2011
miércoles, 22 de diciembre de 2010
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Indiferencias
fotografia ros
Cruzan sin mirarse, a veces tropiezan, pero están a salvo resguardados tras sus cuerpos.
Pasas como el aire, corres como el agua y te disuelves como el azúcar en mi taza.
No está mal este estado de invisibilidad, interrumpido tan solo por el café que cae dibujando circuitos interminables.
Enroscada a tu cuerpo conservo la piel intacta, destrozado mi rostro por el filo del otoño desespero por un tiempo cálido.
jueves, 25 de noviembre de 2010

Inercia
Esta mañana he vuelto a encontrar la tapa del váter levantada. Mientras me ducho pienso: debo comprar y llevar a la niña al médico. Me pesan los párpados, salgo del baño necesitando urgentemente café. Mecánicamente agito el cola-cao, preparo las tostadas y la cafetera al tiempo que ayudo a María a vestirse. De improviso las tostadas achicharradas salen disparadas, huele a café quemado y la niña no quiere tomarse el Cola Cao. A pesar del desbarajuste, como siempre, no hablamos. Mientras llevo al colegio a María trato inútilmente de convencerme de que lo que realmente importa es la cama.
lunes, 8 de noviembre de 2010

Fotografía de Ana Gimenez
Mutaciones
Como los ángeles al caer el sol se transformó. Harta de penurias cambió su traje desvaído por otro de colores rojizos y los jirones por nubes violetas. Luego, muy despacio, al ritmo del atardecer, se perdió entre las calles. Al amanecer unos basureros la encontraron desnuda entre los cubos. Nadie supo su nombre.
martes, 14 de septiembre de 2010
jueves, 22 de julio de 2010
La mujer rebelde
La mujer de la foto sonreía tímidamente presidiendo el dormitorio. El flash congeló su imagen y a partir de entonces no volvimos a verla. Como una sombra vagaba por la casa, sus gemidos helaban el corazón y su risa histérica rebotaba en las paredes produciendo un eco siniestro. Su espíritu reivindicativo atravesaba las paredes provocando el pánico entre los vecinos. No cejó de importunarnos hasta que el fotógrafo le devolvió el alma que le había robado. Ahora, muy seria, descansa en paz.
Rosen
La mujer de la foto sonreía tímidamente presidiendo el dormitorio. El flash congeló su imagen y a partir de entonces no volvimos a verla. Como una sombra vagaba por la casa, sus gemidos helaban el corazón y su risa histérica rebotaba en las paredes produciendo un eco siniestro. Su espíritu reivindicativo atravesaba las paredes provocando el pánico entre los vecinos. No cejó de importunarnos hasta que el fotógrafo le devolvió el alma que le había robado. Ahora, muy seria, descansa en paz.
Rosen
viernes, 4 de junio de 2010
La Traca
La cena se enfriaba en la mesa, mientras él con su impecable frac rebobinaba la escena: el sermón del cura atándolos de por vida, las damas y unas niñas repetidas llevando las arras, las flores, el órgano acompañando la entrada, el velo de la novia enredándose en la alfombra, su madre, la madrina, sufriendo lo indecible por tratar de arreglarlo… y el beso. En el momento de la salida: TRACATATATAAAAPUNPUN. Su novia, con la cara desencajada y el moño lleno de arroz, levantándose las faldas, echo a correr desesperadamente, mientras gritaba: ¡No, que después vendrá la cremá ¡
La cena se enfriaba en la mesa, mientras él con su impecable frac rebobinaba la escena: el sermón del cura atándolos de por vida, las damas y unas niñas repetidas llevando las arras, las flores, el órgano acompañando la entrada, el velo de la novia enredándose en la alfombra, su madre, la madrina, sufriendo lo indecible por tratar de arreglarlo… y el beso. En el momento de la salida: TRACATATATAAAAPUNPUN. Su novia, con la cara desencajada y el moño lleno de arroz, levantándose las faldas, echo a correr desesperadamente, mientras gritaba: ¡No, que después vendrá la cremá ¡
jueves, 22 de abril de 2010

La consulta
La de los días de lluvia era gris, la de los de sol amarilla. Desde hacia tiempo sufría constantes cambios de color, pero pensamos que terminaría adaptándose a la luz. No ocurrió así y la llevamos al médico. Nada más entrar se volvió blanca como la bata del médico. Esta niña sufre síndrome cromático-dijo el médico, y le recetó unas cataplasmas rojas que causaron un efecto desastroso. Difuminada y borrosa estuvimos a punto de perderla hasta que decidimos volver a colgarla en la pared.
ros.Microrelato ganador en Relatos Encadenados Cadena Ser
oleo rosa pastor
jueves, 1 de abril de 2010
Desaparecido
¡Imbéciles! Con un ruido sordo la palabra golpeó los cristales atravesando la sala. Se hizo el silencio y dejamos de gritar: que se besen, que se besen. Mientras intentábamos disimular escondiéndonos debajo de las servilletas, ella se levantó y al hacerlo estiró del mantel. La tarta de novios se vino abajo y las copas de cristal chocaron contra el suelo estrepitosamente. Había estallado una tormenta y no llevábamos paraguas. Alguien había dejado junto a las figuritas de los novios una nota que decía: Por favor, no vuelvas. Y el novio había desaparecido
ros.Microrelato seleccionado en Relatos encadenados. Cadena SER
¡Imbéciles! Con un ruido sordo la palabra golpeó los cristales atravesando la sala. Se hizo el silencio y dejamos de gritar: que se besen, que se besen. Mientras intentábamos disimular escondiéndonos debajo de las servilletas, ella se levantó y al hacerlo estiró del mantel. La tarta de novios se vino abajo y las copas de cristal chocaron contra el suelo estrepitosamente. Había estallado una tormenta y no llevábamos paraguas. Alguien había dejado junto a las figuritas de los novios una nota que decía: Por favor, no vuelvas. Y el novio había desaparecido
ros.Microrelato seleccionado en Relatos encadenados. Cadena SER
lunes, 8 de marzo de 2010
cualquier día

Cualquier dia
No fue el 8, antes no fue el 8. Fueron días y años de olvido, de presencias ocultas, de dormitorios oscuros, de cárceles de cacerolas y barro. Hoy vivimos el espejismo de ser como queremos y aunque es verdad que algo del deseo se ha cumplido, no podemos dejar de mirar más allá de nuestro ombligo.
sábado, 27 de febrero de 2010

Dias sin verte
Entonces es martes, seguro, por lógica, me dices muy serio. Me desespero porque ayer no fue ningún día, ni mañana podrá serlo. No te creo. No puedo verte porque hoy no es martes, los martes se han perdido en el calendario y se esconden en la puerta de la nevera llena de fechas y no te encuentro. Estoy cansada de ser un día de la semana. Recuerdo un lunes, pero luego nada. Saldré a ver si la luna me dice que día es hoy porque tu lógica no la entiendo.
ros Febrero
lunes, 8 de febrero de 2010

La mujer de las botas de agua.
No podía levantar los ojos, me pesaban como si los párpados fueran de plomo. Con dificultad sobrellevaba la sinusitis que me tenía atrapada. Los días pasaban planos, monótonos, apenas la noche entre ellos. Después de tanto tiempo paralizada no sabía si podría volver al mundo, me estaba acostumbrando a un universo de pantalla y ventanas y apenas distinguía lo real del tiempo con el tiempo del ratón. No exagero si digo que me bastaba con la música, pero miento, necesitaba el calor de la gente, aunque dormitara placidamente viendo crepitar las llamas en la estufa. Desperté de golpe cuando el paisaje empezó a hacerse blanco. Una oleada de cristales bajaba por las cortinas. En unos minutos toda la casa se cubrió de blanco, el sofá tapizado de copos y la cocina con estalactitas. La estufa se apagó y hacia frío, un frío que me helaba las orejas. Al principio creí que podría convivir con el blanco que amenazaba con inundar mi dormitorio, pero no pude y salí a la calle. Me llevé una sorpresa: el mundo había cambiado, era gris.
Afuera los edificios se confundían con el asfalto y el verde de los árboles se teñía de agua sucia. Me deslicé por el barro que cubría las aceras, buscando lugares conocidos. Era inútil, nada era lo mismo, todo estaba sumergido en una niebla espesa que me impedía caminar. En vano mi memoria trataba de bucear en los recuerdos, los azules ni los ocres existían y tampoco la luna. Era un cataclismo: el cambio cromático. Por un momento pensé que, quizás, yo era la única superviviente. Algo había ocurrido mientras yo pasaba los días encapsulada. Tenía que encontrar a alguien, necesitaba respuestas urgentes.
Era desolador, no sentía ni frío ni calor, mi cuerpo, entumecido por el frío que había barrido la casa, despertaba con dolor, la mirada perdida en aquella inmensa ciudad vacía. ¿Dónde estaban todos? Allí, antes, había habido alguien andando, comiendo, paseando, trabajando, yo no podía haber soñado su existencia. ¿Cómo era posible que no quedara nadie?
En mi desesperación entré en lo que parecía una iglesia con cálices desteñidos y santos desnudos. Me impactó el vacío sobrecogedor que llenaba el espacio definido por bancos y altares. Salí sintiendo que siglos de historia se habían detenido. No podía continuar mi paseo errático, necesitaba un plan.
La ciudad era irreconocible y tuve que hacer un gran esfuerzo por recordar lugares. Lo que primero que me vino a la memoria fue el patio del colegio y fui a buscarlo, atravesé las piedras dormidas hasta llegar al pequeño jardín en el que jugaba de niña. El silencio ahogaba las canciones que de niña había cantado. Me situé en una esquina intentando seguir el juego del escondite: uno, dos, tres... al llegar a diez me interrumpió un aleteo de faldas. Estaban allí, no podía verlos pero los escuchaba, voces alegres, chillonas, atropelladas. Y luego el silencio nuevamente. Pensé que si subía las escaleras podría encontrarlos en clase. Aquella clase que yo recordaba pintada de verde y repleta de dibujos. Cuando llegué arriba sin titubear abrí la puerta. Los dibujos se habían descolorido y el verde de las paredes se había transformado en negro. Cerré los ojos y olí mi niñez: sudor y nenuco. Las sillas yacían abandonadas, desmadejadas y de la pizarra cayeron números y letras: uno, dos, tres, mi mama me mima, yo amo a mi mama… Quedé ensimismada en el bucle de mis recuerdos hasta que un rumor de agua me despertó. Llovía a cantaros. Decidí acurrucarme en uno de los arcos del patio y fue entonces cuando la sentí llegar como una sombra. Desde la distancia pude verla chapoteando con sus botas de agua, ajena a la lluvia, ajena a mí. Envuelta en la niebla giraba como un Derviche. Le hice señas inútilmente. Me ignoraba o no podía verme porque el ala de su sombrero le caía sobre los ojos. De pronto desapareció. Estaba desesperada, el único ser vivo que había visto se esfumaba.
Extracto del relato la mujer de las botas de agua. Rosen 2010
jueves, 14 de enero de 2010
Piel interior
Si me preguntas no podría decirte cuando pasó, ni cuando decidí dejarte. Pero voy a hacer memoria: Esa noche, ¿recuerdas? yo no quería salir, hacía mucho calor y tenía un vago presentimiento de catástrofe, pero, a pesar de todo, te acompañé. Sobre el ruido de copas y música sobresalía tu voz, mascando sonidos y echando furias que rebotaban en las rojas paredes del club. La gente se apretujaba en la barra, frotando sus cuerpos anónimos con movimientos pendulares Y allí estabas tú, en el centro de aquella vorágine. Hacía mucho rato que me ignorabas, entretenido en desplegar tus alas de colores con las que hipnotizar a aquellas niñas de carnes prietas, subidas en tacones de vértigo. Hacías esfuerzos por destacar, tu cuerpo se enroscaba en sus piernas, mientras los ojos se te salían de las órbitas. Perpleja, contemplé como se producía una metamorfosis inesperada: te estaban saliendo escamas, las uñas y el cabello te crecían, mientras los ojos, teñidos de un azul vidrioso, giraban enloquecidos. No daba crédito a lo que veía. Eras otro, muy diferente al ser casi insignificante que le temía a las arañas y que en las noches sin luna se acurrucaba en la cama temeroso, diferente al ser meloso que había recorrido mi cuerpo tiempo atrás.
Después de aquella noche esperé un tiempo para ver si los cambios eran reversibles, pero no lo eran, tú ya pertenecías a otra especie y de tu boca ya no salían besos sino azufre. Mientras el neón de tu piel se encendía derritiendo las noches, yo me debatía entre el asombro, el miedo y la indignación ante tu escurridiza impostura. Fueron consumiéndose los días del verano y fue con las primeras lluvias cuando supe que no quería quererte, que no podía, y que, a pesar de que todo estuviera preparado para ignorarlo, yo no podía dejarme arrastrar por esos ciclos malditos que, sin duda, te habían transformado en un ser de un universo abisal. Tenía que salvarme, aunque para ello tuviera que romper en pedazos los recuerdos que me ataban a tu piel. Por eso, ayer, antes de que se avecinara un nuevo episodio de transito nocturno, sentí un impulso irrefrenable, y mientras el agua de la ducha caía sobre tu resbalosa piel, cogí mis cosas y me marché. Y esto es en resumen lo que ha pasado. Se terminó, ya no mas, no estoy dispuesta a esperar que cambies nuevamente de piel.
oleo Rosa Pastor
Ros Enero 2010
martes, 22 de diciembre de 2009
lunes, 21 de diciembre de 2009

Una vez más
Ensordece este ruido de campanas que ahoga el mar de los abrazos perdidos, de los océanos que se elevan atrapando la vida, del calor que asfixia a los pájaros y a los niños. Un centelleo de lujo ahoga el grito del planeta mientras se sientan a la mesa los insaciables comensales del mundo.
ros. navidades 2009
martes, 15 de diciembre de 2009
lunes, 7 de diciembre de 2009
viernes, 4 de diciembre de 2009
La ventana
Ni subido a una escalera conseguiría besarte, pero lo intento cada noche. Mientras tú, impasible, vestida de blanco, vas menguando y creciendo hasta que la luz del alba te hace cambiar de traje. No conseguía besarte, por eso decidí recortarte, y ahora estas atrapada para siempre en el cristal de mi ventana.
ros 2009
Ni subido a una escalera conseguiría besarte, pero lo intento cada noche. Mientras tú, impasible, vestida de blanco, vas menguando y creciendo hasta que la luz del alba te hace cambiar de traje. No conseguía besarte, por eso decidí recortarte, y ahora estas atrapada para siempre en el cristal de mi ventana.
ros 2009
miércoles, 2 de diciembre de 2009
martes, 1 de diciembre de 2009
RUTINA
Mientras recojo mi destino del frío suelo de la cocina, oigo voces que avanzan por la escalera y se enredan en el tendedero. La radio organiza un alboroto de ventanas abiertas y un tintineo de cucharillas, platos y vasos se suma al concierto cotidiano. Ellos, como siempre, me ignoran. Cuando se van busco desesperadamente el azúcar de mis deseos escondidos, pero no está: lo han echado en el colacao. Un oleaje de lágrimas atraviesa mi cuerpo amenazando con oxidar mis sueños.
Mientras recojo mi destino del frío suelo de la cocina, oigo voces que avanzan por la escalera y se enredan en el tendedero. La radio organiza un alboroto de ventanas abiertas y un tintineo de cucharillas, platos y vasos se suma al concierto cotidiano. Ellos, como siempre, me ignoran. Cuando se van busco desesperadamente el azúcar de mis deseos escondidos, pero no está: lo han echado en el colacao. Un oleaje de lágrimas atraviesa mi cuerpo amenazando con oxidar mis sueños.
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